Solo 24 Horas #141 Vacaciones en Roma

FdT

Regresamos después de una larga ausencia con un nuevo episodio de Solo 24 Horas, en el que les relatamos nuestras recientes Vacaciones en Roma.

El podcast nos ha salido un poco extenso (y seguro que nos hemos dejado cosas), pero al final hemos preferido no partirlo y entregarlo tal cual lo grabamos. Espero que sepan disculparnos.

Cuando proyectamos un viaje, solemos crear un blog donde recopilar información anticipadamente. Les dejo el enlace, ya que allí encontrarán información adicional sobre cosas que comentamos en el podcast, así como mapas y datos que pueden ser de interés si algún día no muy lejano deciden acercarse a Roma… cosa que les recomendamos con todo el entusiasmo de que somos capaces.

No olviden visitar en estas mismas páginas nuestros episodios 44 y 45 de Solo 24 Horas. Los grabamos hace tiempo con nuestro amigo Nico, pero siguen plenamente vigentes.

En la columna de la derecha de esta misma página, en el apartado de Flickr, iremos poniendo las mejores fotos de nuestro viaje. Aparecerán poco a poco, a medida que las vayamos subiendo.

Y nada más, les dejamos con nuestro audio. Esperamos que les divierta, les resulte un poquito útil y, sobre todo,  les anime a visitar esta maravillosa ciudad.


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Solo 24 Horas #139 El castigo de Shiva

Mediodía en Londres.

Desde Picadilly, vamos andando hacia el hotel. Es nuestro último día de unas cortas pero intensas vacaciones… y casi no nos queda dinero. Tengo la Visa tan limpia como el bolsillo y mi compañero tampoco lleva dinero de ningún tipo. Son otros tiempos … Aquellos tiempos en que la juventud como nosotros normalmente no usaba tarjetas de crédito y en el Reino Unido aún existía una anacrónica Ley Seca que funcionaba por horas, sobre todo durante la jornada laboral y por las mañanas del domingo.
Entramos en un comercio hindú de comida rápida y nos preparan una especie de shawarma en pita. Las salsas se las pone cada uno a su gusto. Mi compañero, le llamábamos El Pérez, empieza a servirse salsas hasta que el camarero pone cara de pánico cuando le ve echar la segunda o tercera cucharada de algo sospechosamente rojo. Le hago señal de parar, pero ya es tarde.
Como no tenemos dinero para comprar otro, se lo come con cara de mártir. Cuando no puede más lo tira, pero se ha impuesto el hambre por encima del dolor y no ha dejado casi nada.
Más tarde, en el hotel, se va al lavabo y desde dentro con voz quebrada me dice que no puede ni mear, o que no se atreve, no me acuerdo. ¡Tanto le duele!… Por lo visto, el picante lo va quemando todo a su paso …
Le digo que beba mucha agua y al final la cosa queda en nada. Al día siguiente ya se encuentra mucho mejor.

Es una anécdota tonta … pero me gusta recordarla asociada a que años después, cuando le debía ir mal una editorial con nombre de construcción megalítica que montaron él y otros dos, El Pérez dejó de contestar a mis llamadas y, lo que es peor, de pagarme trabajos por valor de mil euros o más.

Es un pobre consuelo, lo sé … pero teníais que haberlo visto rojo como un pimiento y lloroso como una Magdalena, con toda aquella salsa picante calentándole las entrañas.
Para mí que Shiva le quiso castigar por adelantado … Se lo merecía! ;)


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Solo 24 Horas #135 El negro de Banyoles… i el de Olot

Estoy de vacaciones en Olot, una pequeña ciudad del interior.
Mientras espero que llegue la hora de comer entro en el café más popular y cosmopolita, que se llama Europa y me quedo en la barra dejando pasar el tiempo.
Debo tener un aire comunicativo, porque al poco de estar allí se me acerca un negro y me da conversación en catalán. Nos ponemos a charlar, los desconocidos dejan de serlo cuando comparten su tiempo e intercambian sus pensamientos.
Mi nuevo compañero me informa que la industria de la ciudad está pasando un buen momento y que por eso han contratado a mucha gente de su tierra para trabajar.
Esta historia que os cuento, se sitúa a mediados de los años ochenta del siglo XX, cuando el hecho interracial era una anédota, algo casi inexistente, en Catalunya y en casi toda España.
Por eso, econtrarme en Olot a un africano, que dice no ser el único y que además habla catalán fue algo cuando menos sorprendente.
Cabría añadir que me estoy refiriendo a un momento de nuestra historia reciente en que, a pocos kilómetros de allí, concretamente en Banyoles, tienen expuesto dentro de una vitrina a un negro bosquimano disecado, que es y será la atracción del Museo de Historia Natural de la ciudad hasta el año 2000, cuando, tras una década de infructuosas negociaciones, los restos serán por fin repatriados a Botswana.
Pero volvamos a Olot… en un momento de nuestra conversación entra otro africano en el bar. Mi amigo le da la espalda y le ignora. El otro hace lo mismo. Y yo me quedo de piedra.
Pido una explicación y la respuesta es que es un asunto tribal, de etnias enfrentadas desde hace décadas… o tal vez siglos.
¡Increíble! Aquí nos tienes, un negro y un blanco confraternizando en Catalunya y en catalán. Pero dos africanos en Catalunya, se ignoran entre ellos, como si no existieran… porque no han podido dejar el odio en su tierra y enterrar en el pasado su enemistad tribal…
He de reconocer que en la época de la que hablo yo sabía más bien poco del colonialismo africano y la posterior descolonización. Tampoco se habían dado todavía hechos tan terribles como el Genocidio de Ruanda de hutus contra tutsis, aunque ya habían ocurrido cosas bastante graves, pues los países del norte trataban de mantener el poder desde la sombra, enfrentando, una vez más, a los africanos y poniendo gobiernos títeres en el poder.
En cualquier caso, mi impresión del encuentro en Olot es que el odio es más fuerte entre hermanos que entre desconocidos. Y que ni la distancia ni el paso del tiempo tienen suficiente poder en sí mismos para borrarlo, a no ser que los hombres pongan de su parte todo lo que haga falta hasta hacerlo desaparecer.

Han pasado 30 años desde entonces y muchas cosas han cambiado, sin embargo este encuentro y los hechos que os he relatado supusieron para mí una lección que, como veis, aún conservo fresca en la memoria…


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Solo 24 Horas #131 La plaza más misteriosa de Alfama

Esto ocurrió hace tiempo en Lisboa.
Estamos en un chiringuito de Alfama. Una pareja de nuestra edad (unos 20 y pocos) se acerca y nos pregunta si queremos coca. No sé por qué, pero les digo que sí.
Con un amigo suyo vamos en coche a toda velocidad por callejuelas empinadas y estrechas.
Cuando pasamos no cabe nadie más y los peatones se esconden a toda prisa en los portales.
Llegamos a un bar y les doy el dinero acordado. Salen al cabo de cinco minutos y nos invitan a ir a su casa. Aceptamos. El coche nos deja en una plaza de la parte alta de Alfama, que de tan blanca deslumbra. Hace años debía vivir gente adinerada por aquí, algunas casas señoriales lo delatan, pero ya no… Ahora es un lugar solitario y misterioso. Y, a pleno sol, tiene un aire intemporal y mágico.
Subimos al primer piso de una casa muy vieja. Ellos se han comprado “caballo” , obviamente con nuestro dinero. Se pinchan mientras nosotros esnifamos parte de la coca.
Después, bajamos juntos a pie hasta la plaza del Rossio, donde hemos quedado con otra pareja con la que estamos haciendo el viaje …

Todavía se asombran de los líos en que me metía en aquellos tiempos … Y, si he de ser sincero, yo me asombro incluso de estar vivo….

Ahora, lo que más me gustaría si vuelvo a Lisboa, sería encontrar aquella plaza.


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¿Por qué fotografiamos lo que fotografiamos?

Encontrar una imagen para el post de anteayer no me resultó nada fácil.
Quería una fotografía donde se viese la parte asiática de Estambul, con sus edificios de apartamentos, monótonos y grises, nada distintos de los de cualquier suburbio humilde de España, Francia u otro país europeo.
También quería mostrar personas corrientes haciendo cosas corrientes, como por ejemplo comprar en unos ultramarinos o un supermercado. Me hubiera gustado, además, tener todo eso en una composición armónica y alejada de cualquier atisbo folklórico.
Está claro que no lo conseguí.
Quizás tuve éxito en captar un instante de la vida cotidiana en una foto de calidad artística aceptable. Sin embargo, la escena con las mujeres no deja de ser folklórica. Y los edificios grises y vulgares que quería en la foto, brillan por su ausencia.
Buscando la imagen que hubiera querido, miré primero entre las que tenemos de nuestro viaje, pero, más allá de alguna escena de bazar, nada encontré. Después, en Flickr y con licencia Creative Commons, solo hallé 4 o 5 fotos. Una de ellas es la que pudisteis ver.
Por qué digo todo esto, os preguntaréis. Muy sencillo, porque me parece que cuando hacemos fotografías, sobre todo si estamos de viaje, buscamos lo original, lo histórico, lo monumental, lo hermoso… pero nos resistimos o no sabemos retratar lo cotidiano. Con suerte, nos acercamos al cliché que nuestras mentes ya llevan impreso desde mucho antes de la partida: el mercadillo, el viejo arrugado con su pipa, los niños desarrapados, el barco de pesca… o el mítico monumento de nuestro viejo libro de historia…
Y para demostrarlo, valga la foto de la Mezquita Azul que ilustra hoy esta entrada, y que hicimos en nuestro viaje a la ciudad del Bósforo.
Y ahora, decidnos, ¿vosotros qué opináis? ¿Tan difícil resulta fotografiar la cotidianidad? ¿O es que tal vez no nos interesa?

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La Mezquita Azul. Foto de: RPM. Licencia: (CC BY-NC-SA 3.0) Clic en la imagen para ampliar.

La verdadera razón

Tras un corto paseo en barco para atravesar el Bósforo, visitamos la parte asiática de Estambul. Contrariamente a lo que uno podría imaginar, la mayoría de edificios son altos y parecidos a los de cualquier barrio europeo humilde, no hay grandes monumentos y los comercios y la gente se ven menos lujosos que en la parte occidental y turística de la ciudad.
Al pasar frente a una tienda sale un hombre y nos pregunta de dónde somos. Después de contestarle, se pone a hablarnos entusiasmado y en castellano sobre España y su estancia allí.
Más arriba, nos llaman para que nos acerquemos a un colmado y cuando lo hacemos, los tres dependientes, con sus batas azules y un instrumento parecido a una guitarra, entonan a coro una simpática canción turca. Cuando acaban, aprovechamos para comprar un kilo de té y nos vamos encantados.
Poco después Nena decide entrar en un almacén de tejidos, de esos que venden la tela por metros. Saca su diccionario turco-español y ni corta ni perezosa inicia con el dueño una curiosa conversación mitad en turco, mitad en inglés. El hombre está encantado con tan inusual clienta y nos trata de maravilla a pesar de las limitaciones en la comunicación. Cuando vamos a pagar, nos hace descuento y nos regala un calendario.
Sinceramente, Santa Sofía y la Mezquita Azul son preciosas, pero para mí esto es mucho mejor. La verdadera razón y lo que da sentido a nuestro viaje.

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Imagen descargada de flickr. Autor: bass_nroll. Licencia: Atribución-NoComercial CompartirIgual 2.0 Genérica (CC BY-NC-ND 2.0). Clic sobre la foto para ampliar

Solo 24 Horas #118 Antalya Parte II

Volvemos con un nuevo episodio de Solo 24 Horas dedicado a Antalya.

Si en el número anterior les hablamos de la ciudad que lleva este exótico nombre, hoy toca el turno a sus alrededores. Lugares fascinantes, tanto por su paisaje como por su valor histórico y monumental, como Aspendos, Perge, Sillyon, Phaselis, Myra y Termessos entre otros.

¡Acompáñenos escuchando este audio!

Descargar MP3 (63:14 min. 14,5 MB)

Nena disfrutando de una mañana inolvidable en Phaselis, el lugar donde la historia y la naturaleza rivalizan para nuestro deleite

Tradicionales casas en los árboles, que hoy en día se suman a la oferta hotelera. Por 10 euros se puede tener una casita tipo Tarzán  (+ desayuno)  junto al mar y al pie del monte Olympos, uno de los lugares más singulares y maravillosos de la costa Licia y de todo el Mediterráneo.

Enlaces y lugares recomendados